HACER NADA

Son muchas las actividades que desarrollamos en nuestro día a día, y sin embargo muy pocas veces nos dejamos conscientemente un espacio para nosotros mismos, en el que requilibrar en estado de vigilia, el estrés o los excesos que podamos haber realizado a lo largo del día. Un espacio en el que calmar nuestra actividad inconsciente.

En efecto, poco nos dedicamos a conocer y manejar nuestra mente completa como nuestra herramienta más poderosa. Darnos cuenta que esta herramienta somos nosotros mismos.. Inteligencia que evoluciona y emerge, trasciende y habita, crea y es.

En la sociedad en la que nos encontramos, cuando alguien dice que no está haciendo nada, normalmente se refiere a que está en el sofá tumbado pensando en cosas varias que le aparecen de manera errática en la mente, a que se ha quedado embobado (curiosa palabra) mirando el infinito con ensoñaciones internas en dolby surround, a que está perdiendo el tiempo enfrascado por costumbre en actividades intrascendentes, etc.

Sin embargo, en esos procesos hay de todo menos aprendizaje. Cuando salimos de ellos, normalmente volvemos a repetir patrones. En definitiva, no salimos más sabios, sino más viejos.

Hacer nada, es diferente de no hacer nada.

Algunas tradiciones espirituales a lo largo de los siglos han relatado la experiencia de vacío como el lleno más grande.

Un vacío mental que nos abre a una comprensión más profunda de la naturaleza humana y nos permite sentirnos llenos de nosotros/as mismos/as.

Un vacío mental que permite experimentar amplitud de conciencia, y apreciar la realidad más directamente… Desactivando filtros inconscientes que hacen que demos significados prestablecidos a lo que hay en el mundo, en vez de crear nuevos a partir de éste.

Es evidente que este vacío mental no se da cuando vemos la televisión o cuando nos quedamos parados pensando en cualquier cosa que nos preocupa.

Por esto… ¿Cómo se hace nada?

Cómo hacer nada

Para hacer nada, primero convendría que nos sensibilizásemos a diferentes maneras de hacerlo.

Igual que el ruido y el silencio o el cielo y las nubes, los pensamientos ocupan la mente y muchas veces nos aturden, o no nos dejan ver el firmamento.

Hacer nada, implica atender a los silencios y apreciar el amplio y azul cielo, hasta que el ruido se calme y cese, y desaparezcan las nubes.

Del mismo modo que cuando salimos de una discoteca oímos el zumbido del silencio, también es este silencio diferente cuando va a empezar un concierto y diferente es de cuando llevamos horas en silencio y ya nos hemos acostumbrado a la paz y la armonía con el entorno. Todos estos son distintos tipos de silencios, pero todos ellos son silencio. Lo mismo ocurre con el vacío y los pensamientos.

Igualmente, puede que una nube nos tape el cielo, pero podemos tratar de atender al cielo en vez de a la nube y dejar que ésta pase. Lo mismo ocurre con la nada y los pensamientos.

De esta manera, podemos hacer nada, y darnos cuenta que cuando estamos pensando en algo, ya mismo estamos notando su ausencia, hasta que venga el siguiente, si es que viene.

Hacer nada es una oportunidad para enfocar la conciencia y educar la mente. Una oportunidad para tomar conciencia de uno mismo, probar el sabor del silencio y vivir la amplitud del espacio.

Ésto, en sí mismo, es una meditación.

Como práctica:

Encuentra una habitación tranquila en la que puedas permanecer unos veinte minutos o media hora.

Una vez te encuentres allí, puedes cerrar los ojos y notar el silencio alrededor tuyo, o bien notar las sensaciones de tu cuerpo a través de tu piel.

Poco a poco, puedes enfocarte en el espacio mental que se abra entre tus pensamientos. Si no eres capaz de encontrar ese vacío, puedes preguntarte: ¿cuál será mi pensamiento siguiente? Y empezar a apreciar estos espacios entre pensamientos.

Si ves que te has perdido, puedes volver a comenzar las etapas anteriores, o seguir por la pregunta directamente y continuar alargando esa “nada” interior.

Conforme vayas notando vacíos más y más prolongados, también puedes ir jugando con la profundidad de la meditación, e ir cayendo en un estado de mayor relajación y sensaciones sin pensamientos, o ir subiendo a uno de mayor alerta y control consciente.

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