MEDITACIÓN SOBRE LOS LÍMITES DEL YO

Esta meditación tiene por objeto sensibilizarnos a la manera en que cada uno crea su “pequeño yo”, de manera que, una vez que sepamos de qué estamos hablando y de cómo podemos modificarlo. Esto, en si mismo, puede ser un gran cambio para muchos. Y nos va a servir de apoyo desde el que quizá lleguemos a vislumbrar la naturaleza del SER, que es muchísimo más que eso. Por esto, prosigamos.

Si nos sensibilizamos a la manera que tenemos de establecer los límites de nuestro “pequeño yo”, nos damos cuenta de dos maneras fundamentales que tenemos de hacerlos, aunque seguro que algunos de vosotros encontráis otras. Una manera principal de sentir ese “pequeño yo”, es sentir lo que hay fuera de nosotros… Esto hace darnos cuenta de dónde hemos puesto los límites entre lo que considero “yo”, y lo que considero “los demás”. Es decir, cuál es la frontera que me separa del resto de la realidad. Otra manera es sentir lo que somos desde adentro.

Esta manera tiene la ventaja de que facilita que podamos extender de manera natural esta sensación de Ser, emponderándonos como personas. La práctica pasaría por centrarnos en nosotros mismos, o en la respiración, y notar hasta dónde alcanza esta sensación. Es decir, qué estoy incluyendo en lo que considero mi ser. Ahora, si lo deseamos, podemos empezar a jugar con la extensión de nuestro “pequeño yo”, que no es más que jugar con nuestros límites, lo que percibimos como límites de nuestro ser. Por esto, se propone sensibilizarnos a cuál es nuestra sensación natural de ese “yo”… sintiendo si de manera natural nos extendemos de manera que nos igualamos a nuestro cuerpo físico, si sentimos que somos más pequeños, o sin embargo sentimos que somos más grandes que éste.

Una vez nos hemos sensibilizado a nuestra sensación natural de “yo”… Tratando de hacernos lo más pequeños que podamos. Esto es que si podemos, nos metamos en un ventrículo del corazón, por ejemplo. No obstante, si no podemos no pasa nada, ya que se trata, simplemente, de empequeñecernos lo que podamos. Cuando sintamos que notamos el mundo dentro de esa pequeñez, entonces, se trata de empezar a hacernos más grandes… y agrandarnos todo lo que podamos.

De manera que incluyamos el cuerpo, y más allá… La habitación, la ciudad, la Tierra… todo lo que podamos, el sistema solar… en fin, cada uno a donde llegue.

Habrá quien no pueda extenderse más allá de la habitación, y eso estará bien. La idea es que nos demos cuenta de la flexibilidad que tiene ese “pequeño yo” reflexivo. Es decir, ese “pequeño yo” que se ha creado y se ubica dentro de su “cárcel” psicológica. Esto se contrapone con el YO holístico, o el SER real formado por la mente consciente, inconsciente y biológica y del que ese “pequeño yo” encarcelado, es sólo una sesgada parte. El reto en esta dirección, y a partir de este punto, es aprender a silenciar la mente reflexiva, de manera que desaparezcan los barrotes de esa cárcel auto creada.

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