SOBRE LA RELACIÓN CON LA TIERRA

Es importante entender que una de los ingredientes importantes que puede enriquecer la vida de  todo ser humano es la sensación de sentirse parte de algo más grande… real o emergente. Y dentro de esto, es justamente la conciencia de la relación, un puente que nos da la oportunidad de sentir como uno aquello que antes considerábamos “lo otro”.

 Gracias a ese “darnos cuenta de la relación”, tenemos la oportunidad de hacernos más grandes, e incluir en nosotros mismos aquello con lo que nos relacionamos. Así pueden ser personas, lugares, actividades, ideas o cosas. Realmente, tenemos la capacidad de poder extendernos a todos estos aspectos. Y para esto, un buen comienzo puede ser el notar la relación que existe con aquello que nos rodea.

En efecto, no hay nada peor para una persona que sentirse aislada. Somos seres sociales y no hay que olvidar que la sensación de aislamiento es una fuente principal de suicidios. Si miramos atentamente, nos daremos cuenta que esa manera de entender la realidad como un ser aislado… es un error de bulto. Es decir, las personas estamos conectadas irremediablemente con todo lo que nos rodea.  

Si te paras a pensar un segundo, la habitación en la que te encuentras no sería lo mismo sin ti. Tú cambias la naturaleza del aire que te rodea. Lo calientas… lo utilizas para mantenerte vivo cambiando su química… etc. Igualmente, la electricidad que estás consumiendo, está cambiando la naturaleza a kilómetros de distancia de donde te encuentras. Cuando entras en tu coche, hay una enorme industria que se pone en funcionamiento… lo mismo que cuando compras el pan en la panadería del barrio, o compras leche en un hipermercado… Tu aportación influye de manera evidente en tu entorno.

 De la misma manera, tus padres, hermanos/as, amigos/as… no existirían como las conoces si no existieras tú… Por un lado, serían personas diferentes y, por otro, nunca serían TUS… Lo mismo ocurre con el entorno en el que te relacionas cada día.

 Por esto, vamos a practicar la relación con el entorno. Una manera sencilla y recomendable de conectar con el entorno, extendiendo la propia sensación de ser a la realidad que nos rodea, y sentir esa fuerte sensación de expansión de lo sagrado en uno… Es trabajar la conexión con la Tierra.

 Sí… la Tierra, este enorme planeta en el que nos encontramos y en el que hemos evolucionado y vivido hasta ser lo que hoy somos.

 De esta manera, podemos agradecer a la Tierra la vida. Agradecer el aire que respiramos, el agua que bebemos… Percibiendo desde ahí, que también es la Tierra lo que nos une a los demás seres humanos, a los lugares, etc.

 Pero sea la Tierra una primera Etapa. Ya que la Tierra no tendría vida si no se hubiesen dado un conjunto de circunstancias cósmicas que hacen de ella, una rareza en el universo.

 Por esto, vamos a centrar la meditación de hoy en la conexión con la Tierra.

Para ello, nos ponemos en postura de meditación, cerramos los ojos y conectamos con la respiración. Hacemos dos o tres respiraciones profundas y empezamos respirar por el canal central… como hemos hecho en otras meditaciones…creándolo mediante la visualización, o sintiendo una bola de luz que sube y baja por éste, con cada respiración. De esta manera, al inspirar subimos un palmo por encima de la cabeza y, al espirar, bajamos lo mismo por debajo del sacro, repitiendo y sintiendo el YOSOY, mientras inspiramos y espiramos. Como en otras ocasiones, podemos incorporar algún color, sonido o vibración.

 Una vez hayamos calmado la mente y notemos que podemos centrarnos con facilidad, podemos empezar a conectar con la Tierra a través del sentimiento.

El sentir lo podemos activar haciendo un reconocimiento a la Tierra como un todo más grande del que somos parte, sintiendo que conectamos con el centro de la Tierra, mientras nos dejamos fluir en la expansión de manera natural tanto como queramos. Se trata de encontrar unos momentos de conexión con la Tierra, mientras vamos conectando con otros elementos de nuestro día a día… o lo que queramos conectar adicionalmente.

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