Meditaciones cotidianas; “El vacío esta lleno de silencio ensordecedor…”.

Estamos rodeados de ruido constante y distracciones  en todas las direcciones y cuando entramos en la quietud de la meditación y nos observamos, en muchas ocasiones sentimos miedo, ya que lo que estamos observando es desconocido para mí, y de nuevo elijo distraerme con el móvil, la televisión, etc.

El silencio nos aterra y esto no debería ser así, la humanidad se ha acostumbrado a estar rodeada de incesante ruido externo e interno, y hemos llegado a desarrollar una resistencia para poder sobrevivir hasta el punto de sentirnos cómodos con nuestro propio ruido interno… ” déjame con mi malestar,  que yo mal estoy bien”.

Hoy más que nunca el ser humano busca un camino que le conecte con el ser, y cuando entra en alguno de los caminos de la meditación se desespera, pues la paciencia es escasa y queremos resultados YA, resultados de algo que no es tangible, ni directo en sí mismo y que en realidad, no tiene una utilidad concreta como podría ser ir al gimnasio.

La meditación es un estado de observación donde uno deja que todo ocurra sin más, sin esperar nada a cambio, donde el aprendizaje es día a día, mes a mes, año a año. Donde los logros no se perciben externamente, pero sí internamente, logros sin utilidad aparentes pero llenos de sentido, donde terminan por despertar tus dones internos y los sentidos más sutiles. Es como decir que, meditar no sirve para nada concreto y sirve para todo.

Me lanzo al vacío… y desde allí me disuelvo en la nada. ¿Cómo poder ser amado o amarme a mí mismo si yo soy puro amor?… Uno comprende a través del silencio que yo soy un ser completo donde todo esta conseguido y en realidad solo he de darme cuenta, descubrirlo por mí mismo, encontrarme al final del camino, como la leyenda de la perla negra: “que después de buscarla en infinidad de aventuras y batallas, por fin llegó el guerrero al cofre de la perla negra, y al abrirlo, el cofre estaba vacío, y una sonrisa brillante iluminó su rostro, y los que lo acompañaban no entendían por qué estaba tan feliz si el cofre estaba vacío, y él respondió: si la encontré, la perla negra SOY YO”.

Encontrar la perla negra que yo soy es una misión de vida que todos tenemos pendientes, y cada vez que me atrevo a mirar en silencio dentro de mí, me acerco. No obstante, esa búsqueda interna te aleja de la perla si está llena de deseo y expectativas. Liberarte del juicio hacia ti mismo, y en su defecto hacia los demás, y emprender el camino libre sin lastre parece bastante utópico. Es mucho más sencillo aceptar lo que hay dentro y fuera de mí, y simplemente observar sin esperar que nada cambie, aceptando que todo se transforme.

Sentarse a escuchar el silencio parece una contradicción y solo cuando entramos en la práctica descubrimos que el vacío está lleno y que podemos alcanzar estados de plenitud cuando nos permitimos soltar el control y dejar que todo ocurra, esos estados de plenitud no llegan antes de los estados sombríos, primero vamos a experimentar todo lo que nos molesta de nosotros mismos e incluso de los demás, en ocasiones es como meterse en el tambor de una lavadora junto con toda la ropa sucia. Pero si tenemos la ciencia de la paz activa (la paciencia) y esperamos sin prisas observado una y otra vez como todo gira y se repite una y otra vez… un día, un instante todo se parará y la quietud y el silencio dejarán paso a la plenitud consciente en el vacío del silencio luminoso.

Lo que te propongo es muy simple, siéntate de 10 a 40 minutos en silencio con los ojos cerrados haciendo un escáner de observación, sin juicio: como respira mi cuerpo por sí solo, que oyen mis oídos, que sensación corporal aparece, ¿hay algún malestar o dolor?, ¿estoy incómodo con migo mismo o la postura? que está pensando mi mente y que pienso sobre lo que piensa mi mente y así con cualquier cosa que aparezca dentro fuera de mí, mas allá incluso de los pilares del presente (aliento, sonido interno, palpitar, vibraciones…), simplemente me siento conmigo mismo y observo todo lo que ocurre, como si yo fuera un espectador de la película de mi vida.

En este proceso, que no parece fácil, pero si posible, entraremos en un mundo donde cada día será diferente, es posible que sientas un profundo aburrimiento solo de pensarlo, pero no es real, es una ilusión, el aburrimiento es una construcción humana, no es real, yo conmigo mismo nunca podré estar aburrido de sentirme, lo que sí es real es el silencio interno o la meditación que es intrínseca del la propia naturaleza humana. También es posible que no te des cuenta de los logros conseguidos, pero los tendrás, ni de los cambios sutiles internos y de percepción de la vida, pero los tendrás, solo has de permitir que ocurra mientras yo soy aquel que observa el proceso sin juicio.

La meditación en el silencio no es una práctica en sí misma, ni religión, ni deporte mental, ni siquiera es espiritualidad, ya que el ser humano en sí mismo es un ser espiritual aunque en toda su vida no haya pisado un templo, ni rezado, ni meditado.

Por eso te propongo que te atrevas a ser un investigador de ti mismo y de la vida que te rodea, solo observa y aprende, lo demás vendrá por sí solo.

NAMASTE

© Ray Gilabert

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